Ella de por si es risueña o sea, que tiene facilidad para la risa. Se podría pensar que con lo que les está cayendo a los políticos – por cierto, son unos linces estos del CIS al informarnos sobre sus últimas investigaciones: la preocupación que tenemos los españoles con nuestros políticos – más vale unas risas, aunque sean forzadas, o sea de político, que unas lágrimas.
Sus defensores, que los tiene y ya son unos cuantos, argumentan que ella se ríe hasta de su sombra y, como es muy alta y esbelta, su sombra es muy alargada por lo que su risa es proporcional.
Pero no, el tema es más complejo y mucho menos natural. Se comenta en los mentideros del marketing político (1) español, que Rosa se puso en manos del gurú – no sé si tendría que escribirla en cursiva o ya se admite al natural – de turno cuando creó su partido –UPD para los que no estéis enterados– con el fin de que, no solo modelara su figura política, sino que la transformara profundamente – ya se sabe, más de lo mismo sin ser igual pero parecido y que no confunda –
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| Nuestra Rosa, con la mejor sonrisa rosa |
Con la sagacidad que los caracteriza y trabajando en las sombras, a veces verdaderas penumbras del margen, el gurú dispuso lo fácil, cambio de imagen personal a lo Sarah Palin europea –sin estridencias, pero que entre tanta negritud de la clase política española, ver imagen del hemiciclo, se notara nuestra Rosa con el color de una nueva flor y un conjunto armónico desde la cabeza a los pies, complementos incluidos –, la tarea fue fácil y el resultado espectacular: ni los rojos de la valenciana y excompañera de partido Carmen Alborch le hacen la menor sombra a los nuevos colores pasteles.
Bien, lo difícil fue decidir qué aspecto seductoramente político podría lograr el cambio profundo que se demandaba. Como para cualquier gurú que se precie no hay problema que se resista, para eso son divinos, la solución devino directamente de nuestra Rosa de color pastel, convertir la sonrisa en un medio de comunicación no verbal y hacerlo constantemente, tanto en la vida pública como en la privada, sonreír a sus excompañeros de partido, a los de la oposición, al camarero del desayuno, a la señora de la limpieza, y así sucesivamente. ¡Hace falta una sonrisa que se note en esta agria clase política!, grita el gurú.
Solo que, ya se sabe, ella es como es y del consejo, sonrisa cuantitativa y cualitativamente medida en cada momento, pasó a la sonrisa alargada – se habla en otros mentideros (1) que se operó de boca para hacerla más grande y perfectamente horizontal, concretamente de la misma medida que las maravillosas gafas que usa, de patilla a patilla, para que el conjunto de las dos líneas horizontales acortara su esbelta cabeza – y casi fija; parece que en estos graves momentos que atravesamos, ha intensificado los entrenamientos para mantener la sonrisa, ya risa, desde que se levanta. Quien sabe si el siguiente paso sea fijarla mediante otra operación quirúrgica-política.
(1) como su propio nombre indica estas informaciones no están contrastadas, por lo que deben tomarse con cierta indulgencia.




