Y últimamente, con la que está cayendo, todavía más que los políticos en España forman una casta (algún autor) situada en el vértice de la pirámide de los sinvergüenzas (hace mucho tiempo que no la escuchaba “a boca llena” y con sentimiento). Opino, no obstante, que el término casta les viene un poco ancho en cuanto tiene unas connotaciones morales y éticas que en dicho grupo no existen. Creo que los definiría mejor el concepto clan o banda, que tiene al grupo unido por el interés común de no hacer nada más que en el interés del mismo de forma secreta y oculta, por encima de cualquier planteamiento ético o, apurándolo mucho, estético.
Lugar de reunión habitual de una importante BP (banda política)
Pero hay más sobre la banda de los políticos (BP) en España, ¡su cantidad!. Parece que hemos despertado de un cierto letargo “traumademocrático” y empezamos a sumar, al principio sin ánimo de llegar muy lejos, los políticos más cercanos, los más lejanos, los que no sabíamos bien que existían (un grupo nos lo descubrió un pariente que trabaja en la Diputación), los que aparecen de vez en cuando para hablarnos de Europa, y así hasta encontrarnos con los ¡13 consejeros del Valle de Arán!. En un examen de cultura general, la que se nos supone sin internet entre las manos, ¿cuántos de nosotros, de a pié, acertaría en situar dicho lugar?, ¿Valle?, ¿Arán?.
No vamos a caer en las comparaciones al uso sobre los miembros de la BP y el resto de españoles, ya formemos parte de los grupos de empleados, parados, prejubilados, jubilados, jóvenes en busca de su primer empleo o buscavidas de clase B (un gran grupo en estos momentos). Tampoco en la ironía fácil. ¿Qué nos queda?, poca cosa si lo que tenemos frente a nosotros, nunca mejor dicho, es una BP numerosa, bien pertrechada, con aliados poderosos dentro y fuera del país, perfectamente coordinada ante un grupo relativamente débil y, sobre todo, muy inocente.
Parece que vayamos a perder esta batalla, como perdimos algunas otras en otros encontronazos con BP, pero es posible plantear una guerra de guerrillas desde nuestros círculos más próximos, sin prisas pero sin pausas, sin perder la guardia y objetando, cada vez que se nos presente la oportunidad, en los foros de nuestros vecinos, asociaciones o grupos cercanos. Suena políticamente-correcto-guerrillero, pero solo debe tener una lectura, la de recuperar los espacios perdidos como personas obligadas a ser “políticas” por una mal entendida democracia inculcada por las BP globales.
Pepe Romero

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